Es el último día (bah, medio día) en Oslo, uno ya con la idea de despedirse, habiendo visto suficiente de esta linda ciudad plagada de sorpresas, después de todo, qué más puede haber en Oslo; pero no, siempre hay espacios para sorpresas. Salimos tranquilamente con la intención de dar la última vuelta, una parte del recorrido es ya conocida pero con un par de giros distintos llegamos a una de las plazas principales, ahi frente al parlamento; hoy a diferencia de los restantes días hay mucho movimiento, pequeños grupos de personas vestidas mas o menos igual (¿promotores?) repartiendo volantes, frente a sus puestos de madera o cartón. No cuesta mucho entender que en breve hay elecciones de algún tipo y esta es la competencia electoral; llama muchísimo la atención la ausencia de altoparlantes, jingles, y demás. Simplemente pequeños stands (o grandes stands) con algunas sillas, cinco o seis (o dos o tres en lo que entendemos son los 'partidos chicos') personas que de hecho no atacan a la gente con volantes sino que más bien están ahi, por si alguien precisa algo, si alguien quiere informarse, sí, amagan muy levemente a dar un volante a la señora que pasa por ahi con su hijo en brazos pero se quedan en el amague, muy tranquilo todo. Contra el fondo rojo las letras del Arbeiderpartiet, que con los escasos conocimientos de alemán entendemos es el Partido de los Trabajadores (o, del Trabajo); socialdemócratas socios de la coalición rojiverde que gobierna Noruega. A pocos metros un trailer y otra gente con volantes, también con camisetas rojas pero en este caso es el Rødtpartiet, de 'extrema izquierda' (entiéndase eso en contexto de estado social escandinavo), socialistas revolucionarios (¿en Noruega? ¿en 2011? ¿me están jodiendo?), que surgen de la unión en 2007 del viejo Partido Comunista de los Trabajadores y otro partido mas. Le sigue a pocos metros una construcción interesante, basicamente una 'tienda' montada a base de maderas, lona y nylon transparente; a través se ven panes de pasto usados verticalmente como paredes (¿como habrán hecho esto?), y en el pasto se lee Miljøpartiet De Grønne, que, lógicamente, indica son los Verdes Noruegos, parte de los Verdes Europeos, muy tranquilos ellos, también, y muy originales en su presentación. Mas allá, y el último que vemos, parece joda: una hoja de trébol, sobre cada hoja una flecha apunta hacia el centro de la hoja: es el Senterpartiet, el Partido del Centro. Recordando las luchas por tomar posiciones de centro en la última contienda electoral que vi, estos tipos la tienen clara: van y arman el auténtico Partido del Centro. Wikipedia me ilustra: "The Centre Party's policy is not based on any of the major ideologies of the 19th and 20th century, but has a focus on maintaining decentralised economic development and political decision-making." . Tenian que ser Noruegos; claramente estos tipos están a años luz de cualquier cosa conocida en términos de debate político-ideológico.
Pero bueno, en realidad el turismo politico-ideológico resultó ser accesorio en relación al motivo del paseo que era, después de todo, ir al tan mentado parque de las estatuas, es decir, el
Parque de Vigeland. El paseito al parque ya de por si tiene lo suyo, entrando en una suerte de barrio residencial mas bien simpaticón, pasando por un bar que en teoría está construido con cubos de hielo o en hielo (no entramos, no sabemos), mucho sol, mucha luz, mucho verde, mucho color. El pasto es de un verde particularmente verde. Y el parque resulta ser algo así como un antídoto para Munch y todo lo que de ahí viene: un espectáculo de existencialismo positivo, o algo así. La obra de Munch, atormentada y torturada, tiene un momento importante en lo que él llama 'el friso de la vida', esas pinturas que representan unos momentos angustiantes de la vida que son particularmente angustiantes, caramba. Y el parque es particularmente escandaloso y vital: basicamente, cientos de estatuas de hombres y mujeres y niños desnudos, en las posiciones mas exóticas y divertidas. Estatuas enormes, en solitario o en grupo.
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| quitamelos quitamelos! |
El hombre gigante que intenta quitarse cuatro o cinco bebés que le treparon misteriosamente por arriba. Un par de pibes corriendo ,las manos en alto, las bocas increiblemente abiertas. Una pareja, el hombre, solemne, abraza a la mujer, mas baja, que se sostiene delante. La mujer que pelea contra algo que parece ser un tigre y que parece ser también curiosamente similar al logo de la libreria esa con impresionantes ofertas y que estaba siempre por cerrar, ahi en san josé y no me acuerdo, que primero era Beltrame Regina y después fue Al Faro de Lou y ahora quien sabe. Esas son las primeras que vemos en lo que es un camino que lleva a un apartado increiblemente florido y floreado con sendas fuentes rodeadas de, también, más y más estatuas de niños y jóvenes en cueros y trepando arboles o jugando entre ellos, los distingue de la muchedumbre el color y la desnudez, por fuera de eso la gente también, deambula bastante algarábica. Y las fuentes son hermosas y exhuberantes sobretodo así al calor que hace y al sol nórdico, es casi una paradoja esto del sol nórdico pero bueno, es cuestión de seguir avanzando y subir las escaleras hacia el siguiente tramo de la plaza que resulta ser bastante divertido y pornográfico a la vez. Y es que el parte es casi un antídoto contra Munch y esa especie de gran angustia nórdica; Munch pintó varios de sus cuadros en una secuencia que llamó 'el friso de la vida', donde sus personajes torturados son representativos de lo complejo que es
ser. Y se ve que los noruegos se aburrieron de tanta existencialidad y se despacharon una tropa de estatuas que representan, muy gráficamente, el círculo de la vida. Estatuas de niños, tres o cuatro, o dos, o uno, desnudos, jugando, trepados unos a los otros, estatuas de jovenes del mismo sexo o distintos, en grupos tambien, abrazados o besandose o simplemente unos arriba de los otros, estatuas de parejas de viejos y viejas, de personas de mediana edad, de todo mezclado, muchas estatuas de este tipo en ronda en círculos concéntricos en torno a un obelisco
enorme que de hecho está compuesto por relieves de espaldas y piernas y pies de lo que es una suerte de gigantesca orgía.
Diecisiete metros de altura en donde se notan ciento veintiun personas abarrotadas unas contra otras. Es una especie de pornoescultura que no tiene nada de porno aunque la temática en cierto sentido es clara, es una exposición sin tabúes de ningún tipo que la vida en general, de la niñez, la adolescencia, la adultez y la vejez, desde un enfoque un tanto inocente o un tanto natural, quizás, una suerte de shock de vida que resulta sorprendente, como resulta sorprendente aprender que la plaza la encarga la municipalidad de Oslo (!) y la comienzan a construir, y por tanto el escultor (el viejo
Gustav Vigeland) empieza a esculpir en 1907 (mil novecientos siete!) y termina ahí por el cuarenta y dos. A ver, vamos de vuelta, una municipalidad que manda construir una plaza con al menos cincuenta y siete (57!) esculturas de hombres y mujeres de todas las edades amontonados y desnudos en torno a una torre compuesta por otras cientoveintiún personas en una orgía de vida de la puta madre. En cierto sentido es perfectamente razonable, más que razonable es
sensato, es lo que cualquier conjunto de noruegos haría después de una exposición prolongada al invierno nórdico y al espiritu hipercrítico de Ibsen y Munch, ir y armar un monumento al ser natural y despreocupado en caos armónico, como diciendo 'ninguna angustia existencial va a evitar que juguemos a las escondidas, lleguemos a viejos, o nos fundamos en una torre demente de amor noruego'. Contra esa hiperracionalidad malsana, tomen. A la luz de esto es bastante comprensible que a otro noruego demente se le hubiera ocurrido subirse a un barco con la intención de estacionarlo en el hielo y dejarse flotar dos años, para llegar al polo. Y probablemente lo mejor del parque sea que en cierta forma cumple cabalmente su función, si uno ve que aparte de los obligados turistas como nosotros hay una presencia de locales, y que hay niños corriendo entre las estatuas mas pequeñas, y parejas de jóvenes y no tan jóvenes dando vueltas o una allá lejos en una suerte de picnic, en definitiva en un dinamismo que va muy bien con el espíritu del lugar. Y al final del todo hay también una estatua de bronce, siete figuras (cuatro adultos y tres niños) entrelazados formando un círculo, que los noruegos llaman 'Livshjulet' (de Livs, vida, Hjulet, rueda), o sea, entrelazados formando una rueda. Al salir y enfilar al fin para el hostel y la estación de tren reparamos en que los papeleros en las calles tienen envases de plástico adentro; es decir, los noruegos tiran los envases, lo cual es muy relevante dado que son reciclables es decir que nos dan coronas noruegas por ellos; en una euforia ahorrativa pescaremos tres o cuatro envases de los papeleros que vamos viendo rumbo al hostel y que en un
seven eleven son amablemente cambiados por una cantidad ridículamente pequeña de coronas que, junto con la cantidad rídiculamente pequeña de coronas que nos venían quedando nos habilita comprar algo de bebida y alimento para resistir el próximo tramo en tren a Estocolmo, tramo que resulta bastante encantador, en particular cuando a pocos kilómetros de llegar nos damos cuenta que los avisos por el altoparlante son en un idioma desconocido que es diferente al idioma desconocido con el que veníamos luchando hasta el momento, un idioma mas gutural y que nos arranca una carcajada cuando el altoparlante anuncia un montón de vocales y consonantes seguidas de 'avestruz avestruz' y otro montón de vocales y consonantes. El aviso se repite y si, otra vez, el tipo está diciendo 'avestruz avestruz', vaya uno a saber qué coincidencias fonéticas en sueco dan este efecto pero bueno, aqui vamos en un tren que es ya nocturno a tratar de llegar en hora como para tomar posesión de la cama respectiva en el siguiente hostel, en la capital del Reino de Suecia.