martes, 22 de mayo de 2012

El vino a la cabeza

Tomemos un conjunto de personas y dejemos que prueben distintas copas de vino tinto, de cinco dolares, por ejemplo, y de cuarenta y cinco dolares. Y ellas dirán que en general les gustan más los vinos que, por ejemplo,  son más caros. Pero nosotros sabemos que en realidad todas las copas tienen del mismo vino (barato) y por tanto que esta gente, por ejemplo, nos está engañando. Sin embargo por esas cosas de la vida escaneamos la actividad cerebral de estas personas mientras transcurre todo el experimento y resulta que a mayor precio se ve más actividad de la parte del cerebro encargada de las experiencias placenteras. Wait, what?

Acá el artículo original. La explicación sofisticada no difiere mucho de la versión del párrafo anterior: el mismo vino administrado como si fueran dos vinos distintos, a dos precios distintos, produce distintos efectos en el cerebro, según revela imágenes captadas por IRMf. Lo que se observa es mayores niveles de oxígeno en la corteza medio-orbitofrontal (o algo así), que es la que al momento se cree es la que se asocia a la experiencia de placer en general. 

Pero aún hay mas: este otro estudio encuentra algo parecido. Once personas (que toman vino tinto ocasionalmente); se les dice van a probar cinco Cabernet Sauvignons diferentes, con su respectivo precio, en un estudio para otra cosa. En realidad se les dan sólo tres vinos, dos de ellos suministrados dos veces, a precios de noventa, diez, cuarenta y cinco dolares, cinco y treinta y cinco dolares. Los vinos van en orden aleatorio. Y al final los participantes dicen que efectivamente probaron cinco vinos distintos (cuando solo hay tres), y también reportan disfrutaron mas los vinos mas caros. Y en efecto deben de haber disfrutado mas los vinos mas caros porque también este estudio encuentra mayor actividad al frente del bocho a mayor precio del vino. 

Esto da pie a miles de preguntas de todo tipo, inclusive a teorías conspirativas de lo mas interesantes. Por ejemplo, ¿se engaña esta gente? ¿se auto-engaña? ¿los experimentadores los engañan? ¿Cómo/porqué algo tan simple como un precio cambia la actividad cerebral de la gente? ¿si nos mienten y nos dicen que algo es mas caro de lo que realmente es, lo disfrutamos mas? ¿por qué? ¿cómo se relaciona esto con las políticas de marketing y de precios de, por ejemplo, las marcas caras? ¿existe acaso la 'calidad del vino'? ¿pasaría lo mismo si nos rankean los vinos según la opinión de un catador reconocido? Las cosas, ¿son buenas porque son caras o son caras porque son buenas? ¿que cosas determinan que 'la pasemos bien'?

Los contras dicen que los estudios están mal hechos, que tienen pocos participantes, que los escáners esos no sirven de mucho, que los participantes no saben nada de vinos, etcétera etcétera.. No soy muy del tinto, pero la próxima vez que tome uno voy a ver si no me fijo en el precio, no sea cosa que se me suba a la cabeza. 

martes, 15 de mayo de 2012

El problema con los problemas

La anécdota es breve: un conserje de hotel recibe quejas y quejas y más quejas por parte de los usuarios del ascensor, molestos con las demoras y demoras y demoras y largas esperas. El conserje consulta con un ingeniero que tras un concienzudo estudio le responde que o bien invierte un dinero interesante en mejorar la maquinaria del actual sistema de ascensores, o bien directamente instala unos nuevos. Por esas cosas de la vida el conserje le menciona de pasada el tema a un amigo, psicólogo, que resuelve fácil: 'poné un espejo'. Y tiene razón. Los ascensores demoran lo mismo, pero la gente se mira un poco al espejo mientras espera sola, o disimuladamente mira a los demás cuando espera acompañada, por ejemplo. ¿Cual era el problema entonces?

La anécdota es de manual (de hecho, es de manual, está en el capítulo dos del libro Problem definition in Policy Analysis, de David Dery), pero es muy buena para ilustrar justamente los problemas a la hora de definir los problemas, de encararlos, y de buscarles soluciones. La anécdota es buena porque señala que las propias personas que se quejaban no veían el problema de la misma forma que lo vio quién finalmente lo solucionó, a pesar de ser los principales afectados. Y así, la solución al problema de esperar es distinta a la del problema de aburrirse mientras se espera. Se puede discutir si son problemas distintos o si es el mismo problema. De hecho Dery en su libro discute muchísimo sobre estos temas, refutando la idea de que existe algo así como una forma objetiva de concebir un problema, vale decir, que los problemas 'están' ahí y que nosotros básicamente nos topamos con ellos. Una definición común de problema, dice el autor, es la de discrepancia entre 'lo que es' y 'lo que debiera ser'. Este punto de partida es interesante, no se necesita que ese estado inicial de 'lo que es' sea necesariamente malo o indeseable, para definir un problema se necesita una disatisfacción, un deseo de cambio, una aspiración a algo distinto (mejor), que debe ser imaginable, concebible, y potencialmente alcanzable. Por ejemplo: ¿era la tuberculosis un problema en la Francia del siglo VIII? En términos estrictos, pues, no. Si, claro, era un desastre y todo eso, pero en tanto no existe en la época una solución alcanzable y factible, no tiene sentido definir la situación como un problema en sentido estricto. De la misma forma que no tiene sentido pensar seriamente que sea un problema no poder volar, por ejemplo. Un campesino francés probablemente pudiera imaginar un mundo en que no hubiera tuberculosis y los hombres y mujeres pudieran agitar los brazos y salir volando, ambos totalmente imposibles. Capaz la tuberculosis es un mal ejemplo, pero se entiende la idea. 

Dice Dery entonces que al definir un problema estamos definiendo una discrepancia en particular, y por tanto un objetivo a alcanzar en particular, y por tanto restringiendo el conjunto de herramientas para buscar soluciones, a un conjunto en particular. No es lo mismo pensar que el ascensor demora a pensar que la gente se aburre mientras el ascensor demora. Es preciso también que la gente piense que un mundo en que el ascensor no demora (o en que no se aburren mientras demora) es posible, factible, alcanzable. Describir el problema a veces implica, o se reduce a, explicar las famosas causas subyacentes: nos aburrimos porque el ascensor demora mucho. Pero mas allá del ejemplo a Dery le gusta insistir en tratar de pensar en los problemas no en función de sus causas sino en función de sus 'puntos de intervención'. Si, okey, las causas son A, B, C, pero, ¿cuales son los puntos mas efectivos para cambiar la situación? ¿en dónde o cómo es mas eficiente intervenir?

Y todo esto son cosas que quizás sean obviedades, pero que releí hace poco y súbitamente surgieron como un marco claro para enfocar temas de lo mas diversos. En relación al problema de la seguridad en Uruguay, a ver, ¿cual es el problema? ¿Acaso la oposición entiende el problema de la misma forma que la sociedad, de la misma forma que el gobierno, de la misma forma que el partido político en el gobierno? ¿Cuales son las intervenciones mas efectivas acá? ¿Soluciona el problema endurecer las penas, bajar la edad de imputabilidad, etc.? ¿La caída de un discurso y una mística 'de izquierda' no erosiona una visión compartida (al menos por algunos) de un 'hacia donde vamos' o 'que sociedad queremos' y en definitiva reduce el espacio de lo que entendemos posible y por tanto redefine las discrepancias, redefine los problemas (y, por tanto, las soluciones)? Por otro lado, al final la innovación, en cualquier sentido, termina siendo eso, problem-solving: Brechner y compañía que instalan el Plan Ceibal, por ejemplo, que pensaron que se podía volar. Y se podía nomás. La leyenda urbana dice que el Walkman lo inventó uno de los fundadores de la Sony, fanático de la música quién intuyó una posibilidad y desarmando un par de equipos y con mucha cinta aisladora se armó un bolso de dos kilos y medio que reproducía música ahí donde él quería. Mientras hordas y hordas de europeos y norteamericanos tratan de buscarle la vuelta a la malaria en países pobres (los tratamientos médicos no son del todo eficaces, hay problemas de todo tipo, la población a veces no quiere tratarse), uno de los mejores tratamientos a la fecha sigue siendo el viejo y querido mosquitero. Tratado con insecticida, eso si, uno bien grande, se coloca alrededor de la cama cuando uno se va a dormir y listo, 50% menos de chance de malaria. Es una mala estadística aun, pero es un avance. Mirá vos. La leyenda dice que mientras los norteamericanos dedicaron un buen dinero en desarrollar una lapicera que escribiera en el espacio, los soviéticos les dieron lápices a los astronautas. Otra vez: ¿Cual era el problema?

Y si el gobierno entiende que la inseguridad y la delincuencia son resultado del ingreso de pasta base al país durante el gobierno de Batlle estamos en el horno, porque la solución a eso implica contar con Emmett 'Doc' Brown y el Delorean de Volver al futuro. Y de mientras no hay nadie hablando de corrupción policial, por ejemplo. Capaz que el problema es que todos vemos cosas distintas. Capaz que el problema es la falta de responsabilidad de los gobernantes. Capaz que el ascensor se trancó hace años y nos seguimos mirando al espejo. Eso si que sería un problema. 

Os lo recomiendo: Oslo, III

Es el último día (bah, medio día) en Oslo, uno ya con la idea de despedirse, habiendo visto suficiente de esta linda ciudad plagada de sorpresas, después de todo, qué más puede haber en Oslo; pero no, siempre hay espacios para sorpresas. Salimos tranquilamente con la intención de dar la última vuelta, una parte del recorrido es ya conocida pero con un par de giros distintos llegamos a una de las plazas principales, ahi frente al parlamento; hoy a diferencia de los restantes días hay mucho movimiento, pequeños grupos de personas vestidas mas o menos igual (¿promotores?) repartiendo volantes, frente a sus puestos de madera o cartón. No cuesta mucho entender que en breve hay elecciones de algún tipo y esta es la competencia electoral; llama muchísimo la atención la ausencia de altoparlantes, jingles, y demás. Simplemente pequeños stands (o grandes stands) con algunas sillas, cinco o seis (o dos o tres en lo que entendemos son los 'partidos chicos') personas que de hecho no atacan a la gente con volantes sino que más bien están ahi, por si alguien precisa algo, si alguien quiere informarse, sí, amagan muy levemente a dar un volante a la señora que pasa por ahi con su hijo en brazos pero se quedan en el amague, muy tranquilo todo. Contra el fondo rojo las letras del Arbeiderpartiet, que con los escasos conocimientos de alemán entendemos es el Partido de los Trabajadores (o, del Trabajo); socialdemócratas socios de la coalición rojiverde que gobierna Noruega. A pocos metros un trailer y otra gente con volantes, también con camisetas rojas pero en este caso es el Rødtpartiet, de 'extrema izquierda' (entiéndase eso en contexto de estado social escandinavo), socialistas revolucionarios (¿en Noruega? ¿en 2011? ¿me están jodiendo?), que surgen de la unión en 2007 del viejo Partido Comunista de los Trabajadores y otro partido mas. Le sigue a pocos metros una construcción interesante, basicamente una 'tienda' montada a base de maderas, lona y nylon transparente; a través se ven panes de pasto usados verticalmente como paredes (¿como habrán hecho esto?), y en el pasto se lee Miljøpartiet De Grønne, que, lógicamente, indica son los Verdes Noruegos, parte de los Verdes Europeos, muy tranquilos ellos, también, y muy originales en su presentación. Mas allá, y el último que vemos, parece joda: una hoja de trébol, sobre cada hoja una flecha apunta hacia el centro de la hoja: es el Senterpartiet, el Partido del Centro. Recordando las luchas por tomar posiciones de centro en la última contienda electoral que vi, estos tipos la tienen clara: van y arman el auténtico Partido del Centro. Wikipedia me ilustra: "The Centre Party's policy is not based on any of the major ideologies of the 19th and 20th century, but has a focus on maintaining decentralised economic development and political decision-making." . Tenian que ser Noruegos; claramente estos tipos están a años luz de cualquier cosa conocida en términos de debate político-ideológico.

Pero bueno, en realidad el turismo politico-ideológico resultó ser accesorio en relación al motivo del paseo que era, después de todo, ir al tan mentado parque de las estatuas, es decir, el Parque de Vigeland. El paseito al parque ya de por si tiene lo suyo, entrando en una suerte de barrio residencial mas bien simpaticón, pasando por un bar que en teoría está construido con cubos de hielo o en hielo (no entramos, no sabemos), mucho sol, mucha luz, mucho verde, mucho color. El pasto es de un verde particularmente verde. Y el parque resulta ser algo así como un antídoto para Munch y todo lo que de ahí viene: un espectáculo de existencialismo positivo, o algo así. La obra de Munch, atormentada y torturada, tiene un momento importante en lo que él llama 'el friso de la vida', esas pinturas que representan unos momentos angustiantes de la vida que son particularmente angustiantes, caramba. Y el parque es particularmente escandaloso y vital: basicamente, cientos de estatuas de hombres y mujeres y niños desnudos, en las posiciones mas exóticas y divertidas. Estatuas enormes, en solitario o en grupo.

quitamelos quitamelos!
El hombre gigante que intenta quitarse cuatro o cinco bebés que le treparon misteriosamente por arriba. Un par de pibes corriendo ,las manos en alto, las bocas increiblemente abiertas. Una pareja, el hombre, solemne, abraza a la mujer, mas baja, que se sostiene delante. La mujer que pelea contra algo que parece ser un tigre y que parece ser también curiosamente similar al logo de la libreria esa con impresionantes ofertas y que estaba siempre por cerrar, ahi en san josé y no me acuerdo, que primero era Beltrame Regina y después fue Al Faro de Lou y ahora quien sabe. Esas son las primeras que vemos en lo que es un camino que lleva a un apartado increiblemente florido y floreado con sendas fuentes rodeadas de, también, más y más estatuas de niños y jóvenes en cueros y trepando arboles o jugando entre ellos, los distingue de la muchedumbre el color y la desnudez, por fuera de eso la gente también, deambula bastante algarábica. Y las fuentes son hermosas y exhuberantes sobretodo así al calor que hace y al sol nórdico, es casi una paradoja esto del sol nórdico pero bueno, es cuestión de seguir avanzando y subir las escaleras hacia el siguiente tramo de la plaza que resulta ser bastante divertido y pornográfico a la vez. Y es que el parte es casi un antídoto contra Munch y esa especie de gran angustia nórdica; Munch pintó varios de sus cuadros en una secuencia que llamó 'el friso de la vida', donde sus personajes torturados son representativos de lo complejo que es ser. Y se ve que los noruegos se aburrieron de tanta existencialidad y se despacharon una tropa de estatuas que representan, muy gráficamente, el círculo de la vida. Estatuas de niños, tres o cuatro, o dos, o uno, desnudos, jugando, trepados unos a los otros, estatuas de jovenes del mismo sexo o distintos, en grupos tambien, abrazados o besandose o simplemente unos arriba de los otros, estatuas de parejas de viejos y viejas, de personas de mediana edad, de todo mezclado, muchas estatuas de este tipo en ronda en círculos concéntricos en torno a un obelisco enorme que de hecho está compuesto por relieves de espaldas y piernas y pies de lo que es una suerte de gigantesca orgía.

Diecisiete metros de altura en donde se notan ciento veintiun personas abarrotadas unas contra otras. Es una especie de pornoescultura que no tiene nada de porno aunque la temática en cierto sentido es clara, es una exposición sin tabúes de ningún tipo que la vida en general, de la niñez, la adolescencia, la adultez y la vejez, desde un enfoque un tanto inocente o un tanto natural, quizás, una suerte de shock de vida que resulta sorprendente, como resulta sorprendente aprender que la plaza la encarga la municipalidad de Oslo (!) y la comienzan a construir, y por tanto el escultor (el viejo Gustav Vigeland) empieza a esculpir en 1907 (mil novecientos siete!) y termina ahí por el cuarenta y dos. A ver, vamos de vuelta, una municipalidad que manda construir una plaza con al menos cincuenta y siete (57!) esculturas de hombres y mujeres de todas las edades amontonados y desnudos en torno a una torre compuesta por otras cientoveintiún personas en una orgía de vida de la puta madre. En cierto sentido es perfectamente razonable, más que razonable es sensato, es lo que cualquier conjunto de noruegos haría después de una exposición prolongada al invierno nórdico y al espiritu hipercrítico de Ibsen y Munch, ir y armar un monumento al ser natural y despreocupado en caos armónico, como diciendo 'ninguna angustia existencial va a evitar que juguemos a las escondidas, lleguemos a viejos, o nos fundamos en una torre demente de amor noruego'. Contra esa hiperracionalidad malsana, tomen. A la luz de esto es bastante comprensible que a otro noruego demente se le hubiera ocurrido subirse a un barco con la intención de estacionarlo en el hielo y dejarse flotar dos años, para llegar al polo. Y probablemente lo mejor del parque sea que en cierta forma cumple cabalmente su función, si uno ve que aparte de los obligados turistas como nosotros hay una presencia de locales, y que hay niños corriendo entre las estatuas mas pequeñas, y parejas de jóvenes y no tan jóvenes dando vueltas o una allá lejos en una suerte de picnic, en definitiva en un dinamismo que va muy bien con el espíritu del lugar. Y al final del todo hay también una estatua de bronce, siete figuras (cuatro adultos y tres niños) entrelazados formando un círculo, que los noruegos llaman 'Livshjulet' (de Livs, vida, Hjulet, rueda), o sea, entrelazados formando una rueda. Al salir y enfilar al fin para el hostel y la estación de tren reparamos en que los papeleros en las calles tienen envases de plástico adentro; es decir, los noruegos tiran los envases, lo cual es muy relevante dado que son reciclables es decir que nos dan coronas noruegas por ellos; en una euforia ahorrativa pescaremos tres o cuatro envases de los papeleros que vamos viendo rumbo al hostel y que en un seven eleven son amablemente cambiados por una cantidad ridículamente pequeña de coronas que, junto con la cantidad rídiculamente pequeña de coronas que nos venían quedando nos habilita comprar algo de bebida y alimento para resistir el próximo tramo en tren a Estocolmo, tramo que resulta bastante encantador, en particular cuando a pocos kilómetros de llegar nos damos cuenta que los avisos por el altoparlante son en un idioma desconocido que es diferente al idioma desconocido con el que veníamos luchando hasta el momento, un idioma mas gutural y que nos arranca una carcajada cuando el altoparlante anuncia un montón de vocales y consonantes seguidas de 'avestruz avestruz' y otro montón de vocales y consonantes. El aviso se repite y si, otra vez, el tipo está diciendo 'avestruz avestruz', vaya uno a saber qué coincidencias fonéticas en sueco dan este efecto pero bueno, aqui vamos en un tren que es ya nocturno a tratar de llegar en hora como para tomar posesión de la cama respectiva en el siguiente hostel, en la capital del Reino de Suecia. 

viernes, 13 de abril de 2012

Culture Jam o un severo caso de Mermelada Cultural

Stef es rumana; de hecho es Stefania y no Stef, y debiera escribirse con una pequeña cedilla bajo la primera letra de su nombre pero por su propia comodidad se presenta como Stef (al igual que Gergely el húngaro se presenta como Greg) y abandona sin demasiados problemas esa particularidad lingüística sin la cual pasaría perfectamente por una ciudadana de algún otro país con alfabetos mas razonables, por ejemplo por ciudadana escocesa ya que, de hecho, pasó los últimos cuatro o cinco años en tierras de faldas y gaitas y pronuncia el inglés de forma envidiable, aún cuando producto del cansancio tras horas y horas de estudio el idioma patina y se excusa por no hablar en 'proper English', el 'proper' tiene su nota a la Sean Connery. Stef de hecho no es de Bucarest (Bucuresti, en rumano), sino de un pueblo por ahí, en las afueras, pongamoslé, a una hora de la capital. 

Ernest es uruguayo, de hecho es Ernesto, es flaco pero ultimamente está particularmente flaco, flaquísimo, porque anda mucho en bicicleta. Hace veinte kilómetros y se rie de que hizo veinte kilómetros, con una cara de inocencia y de travesura ya realizada, cara de 'y bueno, cuando me quise acordar ya iba diecinueve y medio', y los hace porque va a algún lado, es su medio de transporte. Ernesto es de Durazno, ahí a una hora y pico de la capital, y tiene su acento distinto de la capital, se come algunas letras y a mi me gusta tratarlo de usté y decirle 'como anda amigo' después de mucho tiempo sin verlo para que me conteste 'bieeen bieeen y usté?' y salir a la vereda de su casita a charlar tranquilamente. 

Stef estudia mucho y, de hecho, yo estudio mucho con Stef (y con Greg, y Carlos, y Lorena, y todos los demás), y nos mandan deberes y tratamos de hacerlos y una vuelta nos reunimos en lo de Stef y nos da de comer, y de hecho nos da de comer una torta que hizo ella con una mermelada que trajo de Rumania, porque su abuela vive en las afueras de no se donde y tiene algún terrenito donde hay frutas rumanas que lógicamente  deben de tener traducción al castellano o al inglés pero no la sabemos y queda entonces en 'fruta Rumana' y, entonces, comemos de la torta casera con ingredientes caseros mientras se nos derrite el cerebro y se nos escapa por el oído, los deberes son difíciles y pasamos la noche casi sin dormir luchando contra ellos, en un estado de semivigilia que produce risas histéricas y descontroladas ante el más mínimo comentario gracioso que nos distraiga de los deberes. Pero que buena estuvo la torta casera; y otro día llego a ver el frasco original de la mermelada casera, de manos de la abuela, un preparado con buena pinta a base de 'fruta rumana' que finalmente nos decidimos a investigar qué es y con bastantes dificultades llegamos a la conclusión de que es algo así como un membrillo, una suerte de membrillo rumano, que no debiera ser muy diferente del membrillo uruguayo, o quizás si, si al final somos todos iguales sobre la tierra pero somos tan diferentes, quizás sea un membrillo con una cedilla extraña abajo de alguna letra, algún cromosoma (¿tienen cromosomas los membrillos?), quizás el ángulo de incidencia de los rayos del sol sobre los campos de membrillos rumanos sea distinto y le dé alguna particularidad a esta mermelada casera de abuela que viene por encomienda desde Europa del Este. 

Y encomiendas eran (o, quizás, aun sean) las que le mandaban los padres de Ernesto a Ernesto, y a su hermano Guillermo, el que está en el exterior también, en una tierra donde, creo, no hay membrillos sino 'peanut butter' y republicanos y demócratas y otros rollos por el estilo. La encomienda que, salvadora, llegaba mes a mes desde Durazno a la capital y que nutría ese hogar con dulce casero, carne, yerba, y otro montón de porquerías de lo mas apetitosas y que yo también supe disfrutar (y con mucho gusto y a mucha honra) en las horas y horas de estudio ahí en la calle Marmarajá o antes, en Eduardo Acevedo, donde con el cerebro derretido por los exámenes también nos dedicábamos a untar sendos panes en dulces y quesos de encomienda, casi como si fuera una marca comercial propia, habría que hacerla y todo, mermeladas y dulces  'De Encomienda'. 

Y le cuento la historia de Stef al Ernest así como al pasar y, horas después al despedirnos se le ilumina la cara y, como siempre cómico él (pero astuto, impulsivo pero tierno, algo serio también, como su alter ego Potable cuando sale a escenario enfundado en su traje de Clown para salvar a la humanidad de si misma)  me trae un jarro de vidrio medio sucio y pegoteado por fuera que tiene dulce de higo por dentro, que lógicamente es casero y viene de Durazno; yo quería llevarle un postre Chajá (el de la medallita) a Stef pero esto es mil veces mejor, salta a la vista. Y en doble bolsa de nylon enfundado en un par de medias adicional para que no se rompa va el dulce de higo, entra en la bota que lo protege aun más, en la valija con cierre y candado y ahí está, se escapa por la punta y hace el viaje Montevideo-Madrid-Barcelona, mas de diez mil kilómetros el dulce de higo de lo mas campante en su jarro de vidrio que originalmente fuera de cualquier otra cosa menos  de dulce de higo, se escapa por la punta y sorpresivamente no es detenido por ningún control de aduanas, bromatología, se desliza torpe y dócilmente a través del aparato burocrático de la Unión Europea y arriba aparentemente sano y salvo a la correa negra donde ruedan las maletas de todos los demás viajeros y sale por la puerta bajo el cartel que reza 'nada que declarar' porque, de hecho, declarar uno declara su amor, o su inocencia, pero no un dulce de higo contrabandeado diez mil kilómetros y que luego aborda un tren y un taxi y un metro y llega al edificio en Carrer de la Marina donde Tajda (que se pronuncia Taida, como se cansaba de explicar al principio y ya ni trata), la eslovena, lo recibe y hace el pase del año a Stef que lo pondrá en su propia maleta para abordar el taxi o el metro hacia el tren que lleve al avión (que sale horas después de la llegada del mío) que lleve al otro aeropuerto donde el otro tren o el auto o lo que sea lo lleve a ese otro lugar a una hora y algo de la capital (Bucuresti en rumano), donde un conjunto de personas se van a preguntar en un idioma latino distinto al español (pero que, hablado lento, se entiende) que cornos será ese jarro pegoteado con ese líquido espeso y oscuro venido desde el fin del mundo y ella probablemente contará su historia de aquella vez que comimos la torta cuando nos cansamos mucho de hacer los deberes y su versión de esta odisea multicultural mermeladística. 



...y, capaz que el dulce de higo es una porquería, digo, yo no llegué a probarlo (y no me responsabilizo aunque le tengo mucha fé); pero la historia, esa seguro que vale la pena.